martes, 29 de diciembre de 2009

POR AHÍ ABAJO UNA HUMEDAD ARDIENTE.



Cuadro: Venus grande. Julio Romero de Torres.

POR AHÍ ABAJO UNA HUMEDAD ARDIENTE.
(Verso de Rafael Alberti).

Tu juguetona máquina de hablar
busca en mis huecos el latido perdido.
Esa insomne viajera que no quiere
descanso en mi presencia,
esa que me perfora las razones.

Soy meseta que tu saliva puebla de
vegetaciones de verdor imposible,
soy desierto que reza por tus nubes,
que pide de rodillas tu tormenta
de estrellas seminales y ptialinas.

¿Cuándo vas a lanzar tu caña
para pescar los peces que anidan en mi vientre?
¿Cuándo vas a envolverme con redes de tus manos
cuándo vas a ser faro de esta costa,
velero en estos mares que sostengo entre mis muslos?

Ven que quiero que encalles en mis rocas,
marinero sin traje, capitán de algún barco sin orillas.
Busca aquí los tesoros que perdiste,
con el mapa que tienes en tu boca,

llena de olas la espuma que destilo,
que yo devolveré uno a uno los besos,
que dejaré en tu altar todos los rezos,
que exhumaré cadáveres del sexo.
Y abriré para ti mis ataúdes.

Respírame, soy tu aire, respírame.
Hazme vibrar a 10 minutos por segundo.
Sácale punta al grafito de los sueños,
con este afilalápices que guardo,

¿Cuándo, cuándo mi amor?
Late el deseo más alto que la luna.

sábado, 26 de diciembre de 2009

NAVIDAD 2009. POEMA DE ALEJANDRA MENASSA.

Cuadro: La verdad saliendo del pozo. Edouard Debat Ponsan.

NAVIDAD 2009.

El año no se va, lo hicimos palmo a palmo,

fuimos poniendo penas de hilo rojo en su ribete,

fuimos dejando amores sembrados en sus márgenes,

fuimos palideciendo de tanto invernear

por las lúgubres esquinas de la página en blanco,

de encenderle fogatas con nuestros versos

refulgentes de sangre y ataviados de espanto o de dulzura.

Una de cal caliente y otra de arena efímera,

una de amor rompiendo las estrechas baldosas

por donde ronda la muerte,

otra de muerte echándole capotes a la vida.

Fuimos haciendo el año, amasando su pan

de noches tiernas, y su pan ázimo sin lágrimas

que hagan subir la masa en su mortaja de fuego acompasado.

El año se deslíe: lo cumplimos, redondo,

como una uva dorada, lo cumplimos a pulso y dentellada,

lo cumplimos 365 veces,

nos levantamos felices los números impares,

y los pares…felices.

Y ahora romperemos la cáscara para asomar

briosos al 2010 que nos espera.

Porque somos la sabia renovada,

el hallazgo del verso en plena vida;

El correr de las horas hacia metas ignotas;

crecemos hacia el verso, el sol nos ilumina.

Este año no se termina, no, recién lo hicimos nuestro,

recién lo hemos bailado de Enero hasta Diciembre,

y suena a cascabeles enlutados, a rioja regando

los decires, a mazapán caliente y a tus labios,

tus labios que beso, poesía, tus labios tan amados…

que en ellos me pierdo cada año.



Este poema es para el mundo, como todos los poemas, para el gran mundo, pero también para el pequeño mundo de Internet: aquellos que me acompañásteis en mis primeros pasos por la blogosfera: Maite, querida, Salvador Arnau, anfitrión de versos, Alonso de Molina, a pesar de todo, Verónica Rodriguez Orellana, por tus versos tan libres, Jose, que me regala tan a menudo su lectura y me divierte con sus relatos, Francisco Legaz, tan cercano en los versos, late en la ondas tu voz acompasada, Mi amigo Catamarcano: Goyo Schang, que siempre tiene una palabra dulce, Braulio, desde su Portugal querido, Santi Tena, desde su cercana lejanía, Leni, tan bello corazón que late en sus poemas, y Mariángeles Fernán Gomez, tantas cosas haces por la poesía, y el joven Lan, de alma inquieta y pluma fácil, y Chache, su poesía social y su magnífica inclinación al séptimo arte, y Francisco Javier, desde tierras andaluzas, con su gracia y con su arte., y El Drac, desde lejanas tierras Peruanas, certero verso. Y se me olvidan muchos y otros no caben casi en la página.
y los más cercanos blogueros del Grupo Cero: Miguel Menassa, Amelia Díez, Pilar Rojas, Carlos Fernández, Miguel Martínez, Magdalena Salamanca, Cruz González, Claire Deloupy, Helena Trujillo, Mónica López, etc., etc., con los que hemos tejido innumerables redes cibernéticas.
Gracias a todos por un año más hecho día a día, entre otros.

viernes, 25 de diciembre de 2009

FELICES FIESTAS A TODOS DE LA MANO DE LORCA. NAVIDAD EN EL HUDSON



Cuadro: La blanca nieve de tu piel. Alejandra Menassa.

¡Esa esponja gris!
Ese marinero recién degollado.
Ese río grande.
Esa brisa de límites oscuros.
Ese filo, amor, ese filo.
Estaban los cuatro marineros luchando con el mundo.
Con el mundo de aristas que ven todos los ojos.
Con el mundo que no se puede recorrer sin caballos.
Estaban uno, cien, mil marineros
luchando con el mundo de las agudas velocidades,
sin enterarse de que el mundo
estaba solo por el cielo.

El mundo solo por el cielo solo.
Son las colinas de martillos y el triunfo de la hierba espesa.
Son los vivísimos hormigueros y las monedas en el fango.
El mundo solo por el cielo solo
y el aire a la salida de todas las aldeas.
Cantaba la lombriz el terror de la rueda
y el marinero degollado
cantaba al oso de agua que lo había de estrechar
y todos cantaban aleluya
aleluya. Cielo desierto.
Es lo mismo ¡lo mismo! aleluya.

He pasado toda la noche en los andamios de los arrabales
dejándome la sangre por la escayola de los proyectos,
ayudando a los marineros a recoger las velas desgarradas
y estoy con las manos vacías en el rumor de la desembocadura.
No importa que cada minuto
un niño nuevo agite sus ramitos de venas
ni que el parto de la víbora, desatado bajo las ramas,
calme la sed de sangre de los que miran el desnudo.
Lo que importa es esto: hueco. Mundo solo. Desembocadura.
Alba no. Fábula inerte.
Sólo esto: Desembocadura.
¡Oh esponja mía gris!
¡Oh cuello mío recién degollado!
¡Oh río grande mío!
¡Oh brisa mía de límites que no son míos!
¡Oh filo de mi amor! ¡Oh hiriente filo!



Federico García Lorca.

lunes, 14 de diciembre de 2009

RECITAL POÉTICO MUSICAL, ESPECIAL FEDERICO GARCÍA LORCA. RECITA MIGUEL MENASSA

RECITAL ESPECIAL LORCA EN EL CAFÉ FIGUEROA EL SÁBADO 19-12-2009 A LAS 20.30, CON LA PARTICIPACIÓN DEL POETA MIGUEL MENASSA. C. AUGUSTO FIGUEROA N.17




lunes, 7 de diciembre de 2009

CUMPLEAÑOS FELIZ

http://lacomunidad.elpais.com/carmensalamanca/2009/12/7/feliz-cumpleanos-alejandra-y-cumplas-muchos-mas-



Una muy buena amiga me ha hecho este regalo por mi cumple, pincha sobre el enlace para verlo


Saludos

Alejandra

sábado, 21 de noviembre de 2009

ALTAZOR. VICENTE HUIDOBRO. recita Clemence Loonis



Cuadro: El sueño, de Henri Rousseau


PREFACIO


Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.
Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.
Amo la noche, sombrero de todos los días.
La noche, la noche del día, del día al día siguiente.
Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris.
Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.
El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós» con su pañuelo soberbio.
Hacia las dos aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.
Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.
Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.
Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso, como un ombligo.
«Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano.
»Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales.
»Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo y reconstituido, pero indiscutible.
»Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano.
»Después bebí un poco de cognac (a causa de la hidrografía).
»Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas y los dientes de la boca, para vigilar las groserías que nos vienen a la boca.
»Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.»
Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.
Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.
Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.
Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:
«Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.
»Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
»Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte.
»Un poema es una cosa que será.
»Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
»Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
»Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
»Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.»
Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro.
Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte.
Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:
»Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?
»Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad.
»Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas.
»Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes.
»Digo siempre adiós, y me quedo.
»Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas.
»Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente.
»Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas.
»Ámame.»
Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.
Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.
Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanda.
Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.
Ah, qué hermoso..., qué hermoso.
Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles.
Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.
Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas.
De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.
Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.
La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada.
Aquél que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.
Aquél que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos.
Aquél que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las palomas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos.
Aquél que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas.
Él, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviadas y de los ponientes amaestrados hacia los polos únicos.
Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo.
El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola.
Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha.
Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen después de una noche de trabajo continuo.
El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón.
Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes.
Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.
Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.
Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.
Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.
La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.
Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.
Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.
Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.
¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.
Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.
Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.
Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.
Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador.
¿Qué esperas?
Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.
Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.



Fragmento del poema recitado por Clemence Loonis:


miércoles, 18 de noviembre de 2009

POESÍA. PABLO NERUDA. VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA

VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA. 1
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.
Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco,
como una piedra en mi honda.
Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin limite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

PABLO NERUDA

Si quieres escuchar el poema recitado, puedes hacerlo aquí:





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