lunes, 9 de agosto de 2010

TALLER DE LITERATURA ERÓTICA 2010. TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES. ELLA SE VISTIÓ Y SE FUE. VIRGINIA VALDOMINOS

Cuadro: Desnudo femenino. Lucien


Probablemente se trataba de la mujer más hermosa del mundo, la única que su lápiz pudo trazar sin rostro, sin ojos que lo persiguiesen. Era, sin duda, la suma de toda la belleza pródiga, fatua desvergüenza, prohibido delirio de su carnal voz.

Un día la trajo consigo, en su recuerdo, fruto de miles de encuentros entre su ella, y la de aquella mujer que tenía en sus anhelos, triste, desnuda y temblorosa. Su voz acariciaba un cuerpo incandescente, dormido entre los pétalos de una seda rasgada, tironeada antaño por mil amantes preocupados de su exactitud. Era el momento de demostrar que el sexo femenino acontece en los albores del poema. De gozar con su risa, con su encanto y esas nalgas famélicas que danzaban al vaivén de una partida perdida de antemano. Y es que la muerte, da a un sexo frágil fuera de su mirar, la tenebrosa entrada al laberinto que tanta pasión despierta en el reino de los sueños.

Dulce, su nombre, sabía a una lengua, hablada en todos los idiomas.

La amó desde la tierna infancia cuando, acuñados los términos, tantas lunas arrepentidas vieron sus pasos danzar al ritmo de goces infinitos. Fueron miles los ojos penetrados en sus senos, los deseos que acariciaban su cintura, recibiendo un no quejumbroso, pero seguro, en espera de un día en que la noche eclipsase su saber para serle infiel al amanecer.

Sonaban las 12 cuando ella entró en el lugar señalado. Múltiples sus movimientos, prietas sus carnes, libres bajo la gasa de luz que envolvía todas sus palabras. Frenéticos, sus senos se elevaban hasta el punto donde el sol clava sus ojos al olvido. Unas piernas desnudas, mostraban el camino a un encuentro deseado durante siglos de oscuridad y ahora, se abrían las compuertas al paraíso prohibido, en el que los sabios escriben con serpientes los últimos relatos del atardecer.

¿Llegué pronto?- Preguntó con la dulce y hábil insidia del que hierve la construcción histórica. -Andaba por la ciudad que irrumpió mi noche con tu nombre-.
Sufrí tanto la pérdida del amor que hincaba tu rastro…

Su olor se llenó de ojos. Dulce el calor de sus tobillos, acarició el nácar de su pieza, que inútilmente herida, comprendió mejor desfallecer cualquier otro ocaso. La luz inundó su tempestad. El vaivén de su corazón dejaba asfixiarse la última gota de razón que puso al servicio del trabajo. Ella, hembra salvaje, mordisqueó su corazón, herido hasta prender los limos de sus labios. Lo demás aconteció.

El vestido huyó de un escenario en el que se despilfarraban los sonidos guturales de la noche. Sus manos, fuertes armas creadoras, dieron forma a la musa descuidada de un alfarero perdido en las sombras de un cenegal de miel. Babeante su amor, sudorosas sus palabras, lúbrica y turgente la alcoba, extasiados sus besos, carnales sus sentidos.

Fue la locura de la piel en vuelo, fluir sobre cumbres esteparias. Soles alineados en torno a la túrbida e insólita partida final. La explosión estelar de polvo contenida, estallido de líneas suntuosas, nuevos coloridos inexistentes… el aullido de la noche redujo a mil los tiempos en que las palabras parecían un mosaico doloroso vertido, hábil combinación de estertores… cuerpos pegados, desmedidos, inmensos.

Los ojos se abrieron al amanecer. Sus ropas partieron en dos aquel destino fatal.

Virginia Valdominos

TALLER DE LITERATURA Y POESÍA ERÓTICA 2010. TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES. TENGO MIEDO DE HACERTE DAÑO. SOLEDAD CABALLERO



Cuadro: odalisca. Ingress

TENGO MIEDO DE HACERTE DAÑO


Se abrió la puerta.
Sobre la mesa caía la noche
e impasible tendió su cuerpo entre lamentos de ritual desgastado.

Sus piernas se abrían anhelando uno labios de lengua imposible
que recorriesen su sexo y arrebatasen el palpitar de su delirio.

Acariciaba sus senos entre rumores.

Sintió como un abismo traspasaba siglos en una madrugada de infinita pasión arrasando lasciva un viento, que con la diligencia de un grito,
voló sobre el punto preciso de la quietud.

Volvió el silencio, deslizó su vientre en un leve palpitar.

Su carne se abrió y rompiendo quimeras de cintura,
se entregó galopante a movimientos que arrancaban la piel
mientras su garganta maldecía desiertos infinitos.


Soledad Caballero Castro
Escuela de Poesía Grupo Cero
Taller de Poesía Erótica
Coordinado por Alejandra Menassa
30 de Julio de 2010

viernes, 6 de agosto de 2010

TALLER DE LITERATURA Y POESÍA ERÓTICA 2010. TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES. CÚBREME, AMOR, EL CIELO DE LA BOCA. RUY HENRÍQUEZ



Cuadro: Collier. El altar de Venus


CÚBREME, AMOR EL CIELO DE LA BOCA*

Cúbreme, amor el cielo de la boca.

Hazme reír, hazme llorar,

hazme pensar que el tiempo

es un suspiro a tu lado.

Heroica, así se alza tu bárbara sustancia,

tu telúrico emblema, tu bestia sublevada.

¡Sujétame! hazme el amor con tus ojos.

Quiero desnudarme en tus párpados cerrados

y nadar en ese río que de noche te recorre,

y te aproxima a la tierra.

Déjame, amor que te llame con el nombre

de las pequeñas cosas.

Así, cuando diga ‘pan’, ‘agua’, ‘sombra fresca’,

tú sabrás que pienso en ti y en tu desnuda flecha.

Yo, a cambio, habré de tornarme en lascivas frases

para que tus húmedos labios se deleiten

horadando mis hondas vocales con tu lengua.


Ruy Henríquez

30 de julio de 2010


*Rafael Alberti

jueves, 5 de agosto de 2010

TALLER DE POESÍA ERÓTICA. GRUPO CERO 2010. “ESA ERA LA CLASE DE SENTIMIENTO QUE DESEABA INSPIRAR”. SUSANA LORENTE



Cuadro: Delvaux
“ESA ERA LA CLASE DE SENTIMIENTO QUE DESEABA INSPIRAR”…

Tic….tac…sostenido, enfrente de ella, arriba de ella, sostenido por las líneas invisibles del espacio con movimientos acuosos, como hechos dentro de un río, lentos, cernidos a sus músculos, elocuentes. Su mirada obnubilada, angosta, perdida en ella, sus labios entreabiertos apenas desnudando ligeramente los dientes, sus espacios entreabiertos, ligeramente, un segundo, una respiración. Fue una noche entrante que arrastraba aún hilos dorados de la tarde, había llegado con esa lejanía de los ángeles, con sus piernas largas, sus caderas sin curvas, su pecho extenuado pero firme, rosado, a la espera de ávidas noches de placer, su blancura de transparente espectro que no sabía de la pureza. “Este es mi cuerpo”. “Descríbelo” dijo él a dos metros de ella y sin embargo aspirando el aliento de un palpitar sonoro y profundo de su corazón. La envidia dejaba de interponerse como un instante en que el ser humano alcanzaba la cordura en el límite mortal de la vida. “Tú empiezas la tuya, ¿podrás aceptarla?, date la vuelta por favor”. “¿qué?”. Anais se dio vuelta, si había algo que conocer con los ojos no alcanzaría a percibirlo, sus oídos no lograrían escucharlo, su boca ni siquiera a saborearlo, su fresca vulva no podría sentirlo, ni siquiera su estrecho…cogería… ”no puedo”, “yo puedo”, dijo él, “hoy, quisiera confesar algo”, “no, no, no confieses”, “¡tal vez un amor, tal vez cuatro, tal vez cien amores!, podemos vivir cualquier amor” dijo ella y acto seguido retiró insinuante un tirante de su hombro. Se desvestía, pero no era necesario, el viento pegado a su figura la contorneó moviendo su pelo hacia un lado y hacia delante, empujándola suavemente. El avanzó hacia ella, hacia la del viento a sus espaldas, la de espalda, con sus pequeños pies humedecidos por la lluvia sosegada, abrazó su cuerpo descrito: “soy de sal para tu boca, para que no dejes de tener sed, soy la grieta del abismo frondoso para que no dejes de caer, en el centro del ecuador a las 12 del medio día, sin sombra”. En la justa proporción en que el sueño se desvanece con el alba tocó trastornado su cintura, sintió como la respiración le traicionaba, cerró el libro y levantó la vista para verla sonriendo, a ella.


Susana Lorente

miércoles, 4 de agosto de 2010

TALLER DE POESÍA ERÓTICA 2010. TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES. EL BASTÓN DEL CIEGO. KEPA RÍOS.



Cuadro: Afrodita

EL BASTÓN DEL CIEGO

Bajaba las escaleras pegándose la falda a las piernas con la mano para evitar que el viento mostrara completamente sus piernas. Desde que se sacó la oposición, hace más de 30 años, Laura se había dedicado a estudiar las miradas de los hombres, con el mismo detenimiento con el que, en sus tiempos de estudiante, desgranaba los capítulos del BOE, los decretos y las normativas municipales.


La vida del funcionario puede llegar a ser muy aburrida. En medio de toda la monotonía cotidiana, Laura sabía que sus blusas y vestidos, de llamativos colores y cada día diferentes, eran el mayor atractivo de la jornada de trabajo de sus compañeros y compañeras. Cada noche elegía detenidamente su atuendo. Tampoco le importaba ir bien conjuntada, jugaba con los contrastes entre algo elegante y algo un poco cutre; entre una prenda juvenil y otra muy sobria; algo muy estrambótico con algo super normal... Pero sobretodo le gustaba resaltar sus posturas de culo en pompa, de piernas abiertas, sus bostezos sacando pecho... Cuando notaba las miradas clavándose en sus pezones, era como si se los chuparán. Un estremecimiento recorría todo su cuerpo, y esto le hacía hinchar aún más las tetas y erguir aún más esas dos antenitas capaces de captar cualquier cambio de temperatura, de humedad, y cualquier mirada que les fuera dirigida.


Con el culo le pasaba algo parecido. Al agacharse, sentía las miradas como manos, como tibias llamitas, colándose por debajo de su falda, acariciándole la entrepierna. Y permanecía así todo el tiempo posible, sintiendo la atención suscitada, esa gran lengua lamiendo su culo perfumado, hidratado, y ataviado con una suave braguita transparente.
Esa mañana de martes, fue al trabajo, o como se llame a donde van los funcionarios por las mañanas, con una falda muy fina que le llegaba por las rodillas; y una blusa blanca también muy fina.


Notó que estaba engordando un poco y que la falda le quedaba tal vez un poco pequeña en la parte del culo que, al ser demasiado prominente, daba a la falda un vuelo excesivo, dejando las piernas muy al descubierto.

Al llegar a la cafetería se sentó en la barra, pidió, y se puso a leer el periódico mientras esperaba que le trajeran el café.

Un hombre de unos cincuenta años, con bastón de ciego y gafas de sol, es decir, un ciego, entró en la cafetería y se sentó al lado de ella.

-Buenos días Laura.

-Buenos días Ramón ¿cómo me ha conocido si no he dicho ni una palabra?
-Cosas de ciegos, Laura, ya te lo explicaré.

Laura rió sonoramente. Y siguió leyendo el periódico. Al cabo de un rato, sin levantar la vista del periódico dijo:


-Usted no me ha visto nunca. ¿Cuando habla con una mujer no le importa saber si es guapa? ¿Cómo puede encontrar atractivas a las mujeres sin verlas?
-Bueno, ahora a usted no la veo, pero la veo. Con esa pregunta es como si se hubiera usted levantado la falda delante de las narices.

-Ja, ja, ja, qué vergüenza! -Permaneció un rato sonriente, removiendo el café, y no logró cambiar de tema en sus pensamientos. - Y... cómo sabe que llevo falda.
-Pues es una buena pregunta. No me había dado cuenta de que lo sabía, pero es cierto: sabía que usted llevaba falda.

¿Cómo podré distinguirlo?

Me parece que las mujeres con falda huelen distinto. Los pantalones matan los olores de la piel, el sudor, y los aromas personales. Sin embargo con la falda tengo una percepción más intensa, me llega todo como con mucho detalle. Creo que por eso sabía que llevabas falda.
Al sentirse tan profusamente olida, Laura sintió una excitación monstruosa. Intentó cambiar de postura y casi se cae de la silla; pensó: Joder, pues ahora sí que tienes que estar oliendo bien, porque me estoy poniendo como una moto.

-Uy qué portento de sensibilidad olfativa- Exclamó con la voz temblorosa -¿Y el tacto? ¿también lo tienes tan desarrollado?

-Yo lo tengo todo bastante bien desarrollado.

-Ja, ja ja! A ver si me sabes decir de qué tela es esta falda. Y le cogió la mano y puso en ella un poco de tela.

-Lo siento -dijo Ramón soltando la tela -pero sólo tengo los sentidos desarrollados para aquello que me interesa.

Y puso su mano sobre la pierna de Laura que, esta vez, creyó que se iba a desmayar. Sin decir palabra fué hacia el baño casi tambaleándose. Apenas veía ni oía nada. Al doblar la esquina del pasillo que llevaba al baño, sintió un fuerte latigazo en el culo como si se tratara de una Vara de mimbre. Era el bastón del ciego.


Kepa Ríos Alday

lunes, 2 de agosto de 2010

TALLER DE POESÍA ERÓTICA 2010. TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES. NACE EN LAS INGLES UN CALOR CALLADO. CLÉMENCE LOONIS

Cuadro: Desenmascarada. Áxel Waldemar Gallen

NACE EN LAS INGLES UN CALOR CALLADO

¿Dónde nace la raíz de este calor?
¿Qué sopla en esa corriente desbocada?
Llaman a mi silencio tus letras rodeadas,
beben de mi columpio una piel de día.

¡Ven!
mi cuerpo es un territorio para ambos,
en el tuyo, abrazo lo que existe.

Acosados por la ola,
el camino fulgura un horizonte de bocas,
ardientes estampas en las ingles,
van y vienen a torcer lo escrito.

¡Toma!
Sonetos, brazos, líquidos,
toda la lujuria del movimiento.

Rapto múltiple acaecido
en un calor callado
propagando su furia entre brillos
tatuados en una nueva piel.


Cleménce Loonis

domingo, 1 de agosto de 2010

RELATOS ERÓTICOS TALLER DE LITERATURA ERÓTICA 2010. LOS CUERNOS DE DIOS. CLAIRE DELOUPY

Cuadro : Koloman Moser. Venus en la gruta

LOS CUERNOS DE DIOS

A quien cree que no existen los milagros les contaremos sin demorar esta sencilla historia.

Era pálida y delgada, rubia como los trigales y sus grandes ojos azules reflejaban una paz inmensa. Piadosa desde su más tierna infancia hizo del convento su casa. A los 15 ya era monja. Entre todas se destacaba por la blancura de su tez y por su devoción sin par.

A cualquier hora del día se la encontraba rezando.

De rodillas en la capilla susurraba el nombre divino y si bien amaba a los santos, su dueño era Jesucristo.

Por ella se moría de amor un joven de exquisitos modales. La vio una noche de Pascua con el cirio en la mano. “Mía será o ninguna más, por Cristo y por la Virgen, lo juro…”. Tanto se empeñó, que su tío, el jardinero del convento se dejó convencer y le consiguió trabajo.

Desde entonces, entre el jardín monacal y la sagrada capilla el joven compartía sus días. Tan piadoso parecía que nadie nunca sospechó. “¡A monje se meterá pronto!” decían todos a coro.

Mas él buscaba una estrategia para enamorar a la joven, sin que ella se diese cuenta.

Una noche que la monjita rezaba, sumida en sus oraciones, aprovechando la oscuridad se le acercó el doncel: “ Soy Jesucristo… -susurró-. He escuchado tus plegarias.” Y hele aquí recitándole suavemente al oído del “Cantar de los cantares” los versos más hermosos.

Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa, huerto cerrado, fuente sellada.

Tu vientre como montoncito de trigo, cercado de azucenas.

Como dos cervatillos mellizos son tus dos pechos.

Extasiada la joven no dudó de su fortuna y tal la Sulamita contestó: “Dormía yo, y estaba mi corazón velando; y he aquí la voz de mi amado, que llama”.

Y él: “Al cielo te llevaré conmigo. Obedéceme en todo y pronto estarás en la gloria. Comulgarás de mi cuerpo divino y no seremos más que uno.

En eso, le ordena agarrar firmemente con su blanca mano el cirio que bien preparado tenía. Pronto lo tiene ya en la boca como si del pan divino se tratara. Exaltado, sigue el joven recitando: “Yo te daré a beber del licor nuevo de mis granadas. Bebe de mí, alma pura…Bebe mi sangre…” Y con su néctar la deleita.

La monjita, en brazos del mismo Jesús se cree y como una flor se va abriendo. Ya casi por desmayarse de goce, pasmada, el sagrado cantar retoma: Entonces mi amado metió su mano por la ventanilla de la puerta probando si la abriría, y a este ruido que hizo, se conmovió mi corazón.

Y él, anhelante: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi inmaculada y purísima

Y mientras entre sus muslos se desliza le promete la gloria eterna.

Cuando se estremece traspuesta, como una paloma herida, con fuego la besa en la frente, con fuego la besa en la boca. “¡No digas nada, vida mía! Ni Dios te podría creer… Mas vuelve cada noche ¡Oh bendita ¡ Y milagro habrá otra vez …

Claire Deloupy