viernes, 16 de enero de 2009

LA PATRIA DEL POETA. MIGUEL MENASSA

I

Voluptuosa semilla, aquí me planto
y creceré y, aquí, echaré raíces
y tendré brotes que, a su vez,
tendrán otros brotes.
Decreto a la reseca meseta castellana,
la patria del poeta.
Arrancaré perfumes de tus rocas,
como de flores de la estación del sur,
y alguien dirá:
antes de los colores del poeta,
vos,
eras gris.
Y yo recordaré:
haberte pintado los labios con mi nombre.
Sobre el verde aroma del limón,
-caballo de los astros-.
Indio de luz,
cobre rasgado por el oxígeno vital,
mi poesía,
pulmón del universo.
Líquenes cenagosos
y alforjas repletas de manzanas,
detenidas en el tiempo del frescor.
Inmensidad,
verde infinito,
sesgo del sol,
entre las cejas del profundo mar,
atlántico silvestre.
No veis que soy el que os saluda,
desde más allá de las más altas cumbres,
más allá de los oscuros cielos de Dios;
desde la profunda galaxia de lo verde.
Meteórica expansión del arco iris,
soy un color que ya no tiene,
el blanco,
de la pequeña pureza inmaculada,
ni el manto negro de la muerte,
desolada,
ni los ojos sangrantes del rubí.
Soy del celeste cosmos y del sol,
la conjunción marítima y alada.
Mi voz,
es el rasguido de la guitarra astral.
Mi canto,
es el sonido gutural del tiempo.
Canto y estallo cada vez,
y cada vez,
me desintegro.
Pierdo mi ser entre fragmentos
y en ese vacío de nada y de color,
porque ya no seré,
recorro los espacios infinitos,
montado en verde luz,
pradera de los cielos
Pampa,
tendida en las alturas.



jueves, 15 de enero de 2009

POESÍA. LA MUERTE DEL HOMBRE. MIGUEL MENASSA


Cuadro: Dali. Niño observando el nacimineto del nuevo hombre
31 de Diciembre de 1976

Es otra vez de noche

y en general

la casa duerme.
Una voz en la radio

dice últimas palabras.

Me entretengo con el humo

y me ocurren mil fantasías

y ninguna tiene que ver

con recostarme

tranquilamente en la camay dormir.
Entre tantos papeles

terminaré siendo un escritor

y fijo mi mirada en la lejanía

y dejo que la historia del hombre

irrumpa

con la violencia de su sino

mi noche.
Enciendo cigarrillos a mansalva

uno detrás de otro como si fueran

centelleantes granadas contra los opresores.
Desde hace millones de años

el hombre vive de rodillas.
Las granadas estallan en mi rostro.
Primitivas presencias

pueblan mi noche de salvajes ritos.
Ceremonias donde la muerte

siempre es una canción

sublime y misteriosa.

Bestias indomables

semejantes al hombre

por la torpeza

de sus movimientos

danzan a mi alrededor

iracundos

silvestres.
En un mal castellano me dicen que su jefe

quiere charlar conmigo.
Sentado en mi cama escribiendo

pido que dejen de rugir tambores

que cese la danza

que me dejen escribir este poema.
El hombre tiene hambre y sed desde milenios.
Somos ese hombre hambriento y sediento poeta

cantad con nosotros:Venimos de la Mesopotamia

y del Caribey buscando la perfección hemos llegado

hasta los mundos que se esconden

por encima del cielo

y no hemos encontrado nada.
Siempre hay un hombre que tiene hambre.

Siempre hay un hombre que se muere de sed.
Aquí mismo poeta

en tu casa

anidan el opresor y el oprimtdo.
Sentado sobre mi cama escribiendo les digo a los salvajes

que ya es noche tarde

que por favor dejen de danzar

que necesito

hundirme entre las letras

mi hambre

mi única sed.
Dejaron de danzar

y el que se destacaba

por su tremenda humanidad

me fulminó con su mirada.
¿Quién es más cruel?

Poeta

¿Quién más salvaje?

El que muere peleando

por un trozo de pan

o el que no muere nunca.

Quién producirá el exterminio

poeta. Mis armas o tus versos.
Y ahora poeta deja la pluma

echa a andar y piensa.
Sentado sobre mi cama

escribiendole digo al salvaje

que no quiero irme de mi pieza

y que siempre supe que pensar

no era necesario y que deseo

es la última vez que se lo digo

seguir escribiendo este poema.
Antes de continuar me detengo

en la inteligencia del salvaje:

habla bien y mientras habla

deja escapar entre las palabras

el aliento

para que todo suene vital desgarrador.
Yo soy el hombre

grita la bestia encadenada

y tú poeta ¿eres el hombre?

Escribir para quién

dónde los amigos

y dónde los enemigos.
Dime poeta

¿tu canto

necesita del futuro

para ser?

Ese poema que escribes

contra todo

a quién le servirá.
A ver poeta un verso

que me diga ahora mismo

¿qué es el hombre?
Sentado sobre mi cama escribiendo

me doy cuenta

que la inteligencia del salvaje terminará quemando

todos mis papeles escritos

en esa hoguera

que fueron construyendo

a mi alrededor

sus palabras.
Dejo de escribirlo miro fijamente a los ojos

y murmuro sus propias palabras

en un solo verso un hombre

en un solo verso un hombre

y me decido a escribir ese verso.
Sostengo con mi miradala mirada del salvaje

y con rápidos movimientos

tomo la ametralladora

y disparo varias ráfagas

sobre el cuerpo del salvaje

que con los ojos desorbitados

por el asombro

cae

para morir y desaparecer.
Sentado sobre mi cama escribo

ahora con la seguridad

de quien ha llegado a la cima:
Un poeta asesinó su hombre

para escribir este poemay eso

es un hombre.

miércoles, 14 de enero de 2009

LLANTO DEL FIN DEL MUNDO, O CONVERSACIÓN ENTRE EL MUNDO Y LA MUERTE



-Mundo:

El hombre inventó el holocausto,

porque no soportaba morir solo.

Dijo: sobrevendrán tectónicos movimientos

que abrirán en mi vientre hambrientas

bocas que sólo comen hombres distraídos

en el acto de amar desesperadamente

su propio corazón.

Dijo: La lava abandonará los volcanes,

y lamerá, roja lengua de fuego

mi telúrico vientre.

De su fecundo recuerdo,

me nacerán vegetales hijos por doquier,

habrá , no obstante, algunas inevitables pérdidas humanas.

Dijo: Huracanes con sugerentes

nombres de mujer arremeterán

contra mis masculinas costas del Pacífico,

del Índico y Atlántico,

y provocarán en su seno atroces marenoches,

desconsolado llanto de todo lo que cae,

levantarán a las casas por los precarios pies,

y a los hombres por su

hombría toda, desvaneciéndose.

-Muerte:

Son capaces de todo por burlarme,

y yo los amo en su insistencia ,

en su perseverancia.

¿No se darán cuenta de las veces que he salvado su vida?.

¿No tienen ojos huecos para ver

que he detenido la ansiedad

de tus bocas con un beso?,

apaciguado la pasión de tus fuegos

con el sacrificio de mi nombre,

desviado el curso de tus vientos femeninos

con mi cuerpo alzándose como un escudo heroico

-Mundo:

Construyen día a día su final,

están llenos de robóticas esperanzas,

de fallidos intentos de romper sus cadenas,

de ridículos actos de desesperación.

Pero yo también los amo,

son nuestros hijos,

y si la sangre valiera algo...

los amaría como una madreama a sus hijos.

Dijeron :

Ya nunca más un hombre se enamorará de una mujer,

ya nadie hará el amor.

Nadie querrá ser el padre de nada,

y las madres abrazarán a sus hijos hasta exterminarlos.

Ningún hombre escribirá

nada que le sirva a otro hombre,

es decir: ningún hombre escribirá.

¡Cómo se equivocaron!

-Muerte y Mundo al unísono:

No se puede acabar con los hombres,

han aprendido a escribir,

han aprendido a poner sus manos

en el mundo.

No se puede acabar con los hombres,

han aprendido a taracear papeles

con sus sueños, sus quimeras

y sus cavilaciones de altos vuelos.

Amaron una vez,
ya no podrán dejar de amar.

Y algunos no le temen ni a la muerte.
Alejandra Menassa

lunes, 12 de enero de 2009

150.000.000 (fragmento)

Cuadro: Miguel Menassa. De la mano del amor.

150.000.000 es el nombre del autor de este poema
Su ritmo es la bala
Su rima el fuego saltando de edificio en edificio.
150.000.000
Esta edición fue impresa con la rotativa de los pasos,
En el papel vitela del adoquinado.
¿Quién interrogará a la luna?
¿Quién cuentas pedirá al sol?
¿Qué tenéis que decir de los días y las noches?
¿Quién se atrevería a afirmar: este es el autor más genial de la tierra?
Así
este poema
no tiene
a nadie por autor.
Y la única idea es
Brillar para el alba que se acerca…..

…A vosotros, venidos del tiempo pasado
durante años hambrientos,
que clamáis hoy un nuevo paraíso,
a vosotros,
que durante milenios habéis pedido
de cantar,
de beber,
de comer.
A vosotros, mujeres,
nacidas para los pliegues de armiño
en vuestros hombros,
el cuerpo adornado de andrajos,
dejadas por muertas
a la espera del pan
en interminables colas.
A vosotros,
legiones de niños de blando esqueleto,
multitudes de jóvenes retorcidos por el hambre,
a los que han vivido hasta aquí
y a los que no aguantaron.
A vosotros,
Animales.
que olvidáis la avena comida por el hombre,
trabajando, llevando a alguien, algo
hasta que bajo el látigo caíais para siempre.
Para vosotros, fusilados en las barricadas del espíritu,
para que hoy se cante estos días,
que atrapabais el futuro con oído codicioso,
pintores,
cantantes,
poetas.
Para vosotros que
Llenos de humo, infestados,
con vuestra vida pendiente de un hilo,
trabajabais a pesar de todo,
obrabais a pesar de todo.
Para vosotros, palabras de gloria inmarcesible,
floreciendo cada año, nunca se marchitarán.
Para vosotros, martirizados por nosotros, gloria,
Millones de Ivanes vivos,
hechos de ladrillos,
y para todos los demás Ivanes.
El desfile universal se dispersaba, ordenado,
la desgracia pasada no enfurece el corazón.
Los años
Habían orquestado la tristeza de la calma,
y lanzado un canto que planease en el aire.
Todavía zumba el eco de las voces
que hablan de muertos,
de recuerdos eternos.
Y ya
los hombres,
por el barniz de las calles,

llevan delante de sí el instante coloreado de alegría.
Y caminan,
floridos, universales, sementera y labor.
¡Para vosotros es la sangrante Ilíada de las revoluciones!
¡Para vosotros la Odisea de los años del hambre!


Vladimir Maiakovski

martes, 6 de enero de 2009

CARILDA OLIVER LABRA. CUENTO. RECITA ALEJANDRA MENASSA

Yo era débil,
rubia, poetisa, bien casada.
Tenía deudas
y una salud de panetela blanca
Hicimos una casa pobremente,
muchas ventanas:
para enseñar nuestros besos a las nubes,
para que el sol entrara.
La casa era tan bella
que tú nunca dormías.
Ya no eras abogado ni poliomielítico
ni nada.
Nunca dije:
¿cuándo vas a poner esa demanda?
porque yo tampoco
cocinaba.
Fueron días
como no quedan otros en las ramas.
Yo me empeñaba en sembrar algo en el patio:
tus gatos lo orinaban,
pero era tan feliz que no podía
decir malas palabras.
Ay, una tarde…
(Septiembre tomó parte en la desgracia),
Ay, una tarde
(Dios estaría sacando crucigramas);
ay, una tarde
pusiste tantas piedras en mi saya
que desde entonces
ando inventándome la cara.
El cuchillo
tenía la forma de tu alma;
yo quería ser otra, hablar las estrellas
(sobraron noche y cama).
Yo me empeñaba en sembrar algo en tu pecho:
tus gatos lo orinaban,
y era tan infeliz que no podía
decir buenas palabras.
Tarde en otoño.
Miré las sábanas amargas,
el jarro de la leche,
las cortinas,
y el crepúsculo me convirtió en su mancha.
(Yo era un clavel podrido de repente,
un canario botado).
Con empujones que lo gris me daba,
entre temblores,
volví a la falda
de mi madre.
Pasaron tantas cosas
mientras yo me bebía la soledad a cucharadas…
Un viernes
-un viernes en que tu olvido me enterraba-
llegué a la esquina
de la casa
Estaba allí como una tumba diferente,
se veía otra luz por las ventanas.
Tuve miedo de odiar…
(Ya era hasta mala).
Pasaron tantas cosas;
el tiempo fue cosiendo mi mirada.
Ahora no pueden asustarme con los truenos
porque la luz me alza.
Ahora no pueden confundirme con un libro.
Soy la palabra recobrada.
¡Ríanse,
agujas que en mi carne se desmandan;
ríanse,
arañas que me tejen la mortaja;
ríanse,
que a mí, también, carajo, me da gracia!

Puede escuchar el poema recitado por Alejandra Menassa en el siguiente video:




viernes, 2 de enero de 2009

¿POR QUÉ HABLA TAN ALTO EL ESPAÑOL? LEÓN FELIPE RECITADO POR ALEJANDRA MENASSA

Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.

Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porqué tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

La primera fue cuando descubrimos este continente, y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra¡ ¡Tierra¡ ¡Tierra! Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había motivos para hablar alto¡ ¡Había motivos para gritar¡

La segunda fue cuando salió por el mundo, grotescamente vestido con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario fantasma de la Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres:¡justicia¡ ¡justicia¡ ¡justicia¡...!También había motivos para gritar¡ ¡También había motivos para hablar alto¡

El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, en el año de 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡eh¡ ¡que viene el lobo¡ ¡que viene el lobo¡...!que viene el lobo¡

El que dijo tierra y el que dijo justicia es el mismo español que gritaba hace 6 años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡eh¡ ¡que viene el lobo¡

Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento, y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿Pero por qué habla tan alto el español?

Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: el español habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porqué escucha desde el fondo de un pozo.



León Felipe

jueves, 1 de enero de 2009

PARA HACER UN TALISMÁN. OLGA OROZCO. RECITA ALEJANDRA MENASSA


Se necesita sólo tu corazón
hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.
Nada más que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca y no pueda dormir,
donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío
sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,
donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías y no logre olvidar.
Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de la bruma.
Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,
y escarba, escarba en él con una aguja fría hasta arrancar el último grano de esperanza.
Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,
que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,
que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas glorias.
Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un siglo, antes que sea tarde,
antes que se convierta en momia deslumbrante,
abre de par en par y una por una todas sus heridas:
que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,
que plaña su delirio en el desierto,
hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la furia del hambre:
un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.

Si sobrevive aún, si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios;
he ahí un talismán más inflexible que la ley, más fuerte que las armas y el mal del enemigo.
Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que a un centinela.
Pero vela con él.
Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra; puede ser tu verdugo.
¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!