miércoles, 4 de agosto de 2010

TALLER DE POESÍA ERÓTICA 2010. TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES. EL BASTÓN DEL CIEGO. KEPA RÍOS.



Cuadro: Afrodita

EL BASTÓN DEL CIEGO

Bajaba las escaleras pegándose la falda a las piernas con la mano para evitar que el viento mostrara completamente sus piernas. Desde que se sacó la oposición, hace más de 30 años, Laura se había dedicado a estudiar las miradas de los hombres, con el mismo detenimiento con el que, en sus tiempos de estudiante, desgranaba los capítulos del BOE, los decretos y las normativas municipales.


La vida del funcionario puede llegar a ser muy aburrida. En medio de toda la monotonía cotidiana, Laura sabía que sus blusas y vestidos, de llamativos colores y cada día diferentes, eran el mayor atractivo de la jornada de trabajo de sus compañeros y compañeras. Cada noche elegía detenidamente su atuendo. Tampoco le importaba ir bien conjuntada, jugaba con los contrastes entre algo elegante y algo un poco cutre; entre una prenda juvenil y otra muy sobria; algo muy estrambótico con algo super normal... Pero sobretodo le gustaba resaltar sus posturas de culo en pompa, de piernas abiertas, sus bostezos sacando pecho... Cuando notaba las miradas clavándose en sus pezones, era como si se los chuparán. Un estremecimiento recorría todo su cuerpo, y esto le hacía hinchar aún más las tetas y erguir aún más esas dos antenitas capaces de captar cualquier cambio de temperatura, de humedad, y cualquier mirada que les fuera dirigida.


Con el culo le pasaba algo parecido. Al agacharse, sentía las miradas como manos, como tibias llamitas, colándose por debajo de su falda, acariciándole la entrepierna. Y permanecía así todo el tiempo posible, sintiendo la atención suscitada, esa gran lengua lamiendo su culo perfumado, hidratado, y ataviado con una suave braguita transparente.
Esa mañana de martes, fue al trabajo, o como se llame a donde van los funcionarios por las mañanas, con una falda muy fina que le llegaba por las rodillas; y una blusa blanca también muy fina.


Notó que estaba engordando un poco y que la falda le quedaba tal vez un poco pequeña en la parte del culo que, al ser demasiado prominente, daba a la falda un vuelo excesivo, dejando las piernas muy al descubierto.

Al llegar a la cafetería se sentó en la barra, pidió, y se puso a leer el periódico mientras esperaba que le trajeran el café.

Un hombre de unos cincuenta años, con bastón de ciego y gafas de sol, es decir, un ciego, entró en la cafetería y se sentó al lado de ella.

-Buenos días Laura.

-Buenos días Ramón ¿cómo me ha conocido si no he dicho ni una palabra?
-Cosas de ciegos, Laura, ya te lo explicaré.

Laura rió sonoramente. Y siguió leyendo el periódico. Al cabo de un rato, sin levantar la vista del periódico dijo:


-Usted no me ha visto nunca. ¿Cuando habla con una mujer no le importa saber si es guapa? ¿Cómo puede encontrar atractivas a las mujeres sin verlas?
-Bueno, ahora a usted no la veo, pero la veo. Con esa pregunta es como si se hubiera usted levantado la falda delante de las narices.

-Ja, ja, ja, qué vergüenza! -Permaneció un rato sonriente, removiendo el café, y no logró cambiar de tema en sus pensamientos. - Y... cómo sabe que llevo falda.
-Pues es una buena pregunta. No me había dado cuenta de que lo sabía, pero es cierto: sabía que usted llevaba falda.

¿Cómo podré distinguirlo?

Me parece que las mujeres con falda huelen distinto. Los pantalones matan los olores de la piel, el sudor, y los aromas personales. Sin embargo con la falda tengo una percepción más intensa, me llega todo como con mucho detalle. Creo que por eso sabía que llevabas falda.
Al sentirse tan profusamente olida, Laura sintió una excitación monstruosa. Intentó cambiar de postura y casi se cae de la silla; pensó: Joder, pues ahora sí que tienes que estar oliendo bien, porque me estoy poniendo como una moto.

-Uy qué portento de sensibilidad olfativa- Exclamó con la voz temblorosa -¿Y el tacto? ¿también lo tienes tan desarrollado?

-Yo lo tengo todo bastante bien desarrollado.

-Ja, ja ja! A ver si me sabes decir de qué tela es esta falda. Y le cogió la mano y puso en ella un poco de tela.

-Lo siento -dijo Ramón soltando la tela -pero sólo tengo los sentidos desarrollados para aquello que me interesa.

Y puso su mano sobre la pierna de Laura que, esta vez, creyó que se iba a desmayar. Sin decir palabra fué hacia el baño casi tambaleándose. Apenas veía ni oía nada. Al doblar la esquina del pasillo que llevaba al baño, sintió un fuerte latigazo en el culo como si se tratara de una Vara de mimbre. Era el bastón del ciego.


Kepa Ríos Alday

6 comentarios:

Claire Deloupy dijo...

¡Bravo! Me encantó escucharlo y me encantó volver a leerlo...¡Qué gracioso y erótico! Se te da muy bien esta vena...¡Adelante!

Kepa dijo...

Gracias!
Son los efectos del taller que han despertado esa vena.

Alejandra Menassa dijo...

La verdad que el fenómeno de los talleres siempre sorprende, el otro día alguien me preguntaba si no nos excitábamos en el taller, jeje. Claro, le dije, pero esa excitación es energía libre para la escritura. besos a todos

Ruy Henriquez dijo...

Un cuento erótico, divertido y con critica social... lo tiene todo: Enhorabuena.

Soledad Caballero dijo...

Incluir el BOE en un relato erótico. Genial Kepa.

Besos

Alejandra Menassa dijo...

Si, es verdad que la literatura erótica tiende mucho a la sátira y a la burla de las instituciones.Llámense estas matrimonio, Estado, etc.
Un beso