sábado, 15 de junio de 2013
TALLER DE CINE Y LITERATURA ERÓTICA 2013
jueves, 1 de septiembre de 2011
TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES DEL TALLER DE POESÍA ERÓTICA. TERCERA EDICIÓN.SE AMABAN POR ENCIMA DE TODOS LOS MUSEOS. RUY HENRÍQUEZ
Archipiélagos del sexo,
la piel se tensaba ante la proximidad del beso
y los abrazos despertaban el riesgo o la angustia
que anida detrás de cada encuentro.
Como serpientes en celo
los cuerpos se solazan en la mies del barro,
en las negras entrañas de las lluvias del verano,
reivindicando su efímera materia.
Socavando, penetran sus túrgidas sustancias,
la muscular textura de sus órganos,
húmedos hasta la extenuación,
a punto de rasgarse en la brevedad de un llanto.
Se amaban por encima de todos los museos,
más allá de la piedad o del éxtasis,
apremiados por el dolor y por el hambre,
transidos por el puñal del cuerpo.
Ruy Henríquez
4 de agosto de 2011
Cuadro: Desnudo sobre Vibstek. Marc Chagall
jueves, 18 de agosto de 2011
RELATOS DE LOS INTEGRANTES DE LA TERCERA EDICIÓN DEL TALLER DE LITERATURA Y POESIA ERÓTICA. Jardinero del Convento. Kepa Ríos
Dibujo de Milo Manara
Damián trabajaba regando y podando el jardín del convento de las Hermanas Carmelitas Descalzas. Era un hombre de unos setenta años, jubilado, que se dedicaba a esto por entretenerse y contribuir, como buen feligrés, con el embellecimiento de la iglesia. Iba por las mañanas dos o tres horas la mayoría de los días. Normalmente no veía a las monjas, que a esas horas estaban rezando. Únicamente en verano salían algunas hermanas a disfrutar del jardín por la mañana, ya que después el calor y el sol despiadado se lo impedían.
Esos días de Agosto solían salir Sor Ana y Sor Laura, a tomar un poco de claridad, y entablaban a veces algo de conversación a Damián mientras este trabajaba o descansaba.
-¡Buenos días! Hoy sí que parece que va a hacer mucho calor ¿verdad? - Comenzó Sor Ana - No se ve una nube. No vamos a poder estar aquí ni media hora. Usted como no tiene que llevar los hábitos, no sabe lo que se suda con estos trajes al Sol.
-Por eso no me metí a monja. -Respondió Damián- agiten algo suavemente los faldones a modo de abanico, para que les entre una brizna de airecito por debajo, verán que gusto y que alivio sienten, hermanas.
Las monjas se miraron un poco sorprendidas y casi se sonrieron. Sor Ana comenzó a hacer ondas con sus hábitos tomándolos por la parte de abajo con las manos. Absolutamente concentrada en su aventura, ni siquiera dijo si le gustaba o no; ni hizo gesto alguno de satisfacción, al menos aparentemente. En ese instante Sor Laura, maquinalmente, como contagiada, comenzó ella también a hacer lo mismo. Al principio mantenía las piernas cerradas no se sabe muy bien porqué. Después, poco a poco, comenzó a repantingarse cada vez más en la silla, de un modo sorprendentemente campechano, y tubo que abrir las piernas para poder mantenerlas flexionadas cómodamente.
-Claro, las monjas no nacen monjas -Pensaba Damián para sí -. Antes tuvieron por fuerza que ser mujeres como las demás. O tal vez siempre tuvieron esa vocación eclesiástica... tal vez todas las mujeres tengan esa vocación de monjas que sólo en algunas logra imponerse definitivamente. Aunque también es cierto que hay monjas que dejan de serlo.
Desde que habían comenzado a abanicarse con sus vestidos talares, las hermanas no había vuelto a abrir la boca. Miento; sí abrían la boca, pero sin decir nada; sólo queriendo disfrutar de algo tan natural, tan vital, como sus propias respiraciones. Algo tan habitual en los vivos que, podríamos decir, es el goce más terrenal que existe: El goce de respirar, de vivir... eso seguro que no se podrá disfrutar en el cielo ni con ayuda de Dios.
Realmente sorprendía ver con qué facilidad se entregaban aquellas religiosas al corporal goce de abanicarse entre las piernas, con los ojos cerrados, recostando la nuca, y abriendo la boca para respirar amplia y sonoramente.
Se ve que el ejercicio que hacían con los brazos para abanicarse, debía sofocarles de algún modo. Y por momentos parecían quejarse del esfuerzo con leves muecas de dolor, dulces reproches sin destinatario... O, tal vez se quejaban de que Damián ¡no les ayudaba a abanicarse! Al fin y al cabo, él fué quien les había querido mostrar esa nueva utilidad de los vestidos. Así que, como precursor de la experiencia tenía el derecho, y aún el deber, de auxiliar a sus seguidoras.
Sin duda debió ser este el pensamiento que abanicó Damián en su cabeza. Porque, sin más ni más, se fué para las monjas dejando caer el azadón y quitándose los guantes. Ellas no le sintieron llegar. Tal era su atolondramiento. Como estaban bastante cerca una de la otra, Damián se colocó entre las dos, y extendio una mano hacia cada falda, diciendo:
-Bueno, pues como parece que se quejan del esfuerzo, les voy a echar una mano, leñe... una a cada una. Porque manos, gracias a Dios, tengo dos.
Sor Ana fué a la primera que tomó la falda. Ella la soltó como si nada, abrió y volvió a cerrar los ojos, y continuó la insulsa conversación de Damián.
-Los hombres teneis dos de muchas cosas, quiero decir, que tenéis dos brazos, dos piernas...- Las monjas a veces decían cosas rarísimas, sin sentido, una especie de niñerías exageradas que rayaban la locura. Damián no se sorpredía tanto de la extraña respuesta como de que Sor Ana hubiese seguido la conversación sin apensa inmutarse. Como si fuera lo más normal que Damián le estuviera levantando la falda en el jardín. Además Damián se percató que Sor Ana hablaba medio sonriente y que, el tono de la voz, sólo aparentaba ser inocente, trasluciendo una sorna infantil y traviesa: estremecedora. ¿Sería posible que lo de "dos de muchas cosas" lo estuviera diciendo con segundas la diabólica monja?
-Menos de una. - Dijo de pronto Sor Laura, que ya no tenía que abanicarse porque lo hacían por ella. - De una cosa solo tienen una ¡ja! ¡ja! ¡ja! Lo digo por la nariz, eh ¿qué pensaba hermana? ¡ja! ¡ja! ¡ja!
Damián ahora sí que estaba alucinando, o pensando que alucinaba, porque creía que esa situación no podía ser real. Él tenía tres hijos y su mujer y él eran de los más devotos del pueblo. Siempre había sentido un gran cariño y simpatía por las hermanas, y sabía que ellas también sentían hacia el un tierno afecto. Pero, aunque las bromas fuesen muy divertidas, sobretodo por ser unas monjas las que las hacían, la verdad que sí que tenían bastante peligro. Tal vez las monjas se confiaban más de lo común con las bromitas pensando que nadie las tomaría en serio. Y, efectivamente, Damián intentaba tomar todo aquello como una chiquillada de las hermanitas, pero era inegable que lo de "de una cosa sólo tiene una", le había hecho pensar en su pene aunque fuese sólo un instante. Lo suficiente como para producir el consiguiente aumento de tamaño, que aunque no fué mucho, no dejaba de ser preocupante y desafortunado en aquella compañía.
Sor Ana se intentó poner seria pero la verdad que no le salió muy bien. Cuando pensó que podía entrarle a ella también la risa, abrió los ojos buscando ayuda para contenerse: una mirada sobria, un serio gesto de desaprovación... Giró levemente la cabeza como diciendo que no a la vez que comenzó a levantar la vista. Entonces se topó con la cara de Damián, que le pareció, en ese momento, la cosa más graciosa y pintoresca que en su vida había visto: Estaba a la vez sonriente, sonrojado, asustado y feliz. Parecía que, no sabiendo qué cara poner, ponía todas las caras del mundo a la vez. Ahí fué cuando Sor Ana, llevada de todos los demonios, rompió en una carjajada celestial, quiero decir, que se oyó hasta en el cielo de las ciudades aledañas.
Tal fué la súbita desvergüenza de la clériga que incluso tuvo que levantar las piernas para ayudarse en sus risotadas.
Y aquí, estimados lectores, es donde finalmente el cuento deja entrever, tanto a nosotros como a Damián, algo que podríamos llamar moraleja. Pues sucedió que, tan alto levantó la tímida Sor Ana una de sus piernas, que Damián pudo ver clarísimamente la moraleja del cuento, que debe ser la misma moraleja de la biblia cuando la leen estas monjas.
Como quien de pronto entiende un chiste, una espasmódica hilaridad se apoderó de Damián, por lo que cayó de pronto, y de bruces, en la misma moraleja del cuento que tan amablemente le había brindado Sor Ana. Ella se lo había entregado como llevada de un impulso divino y correcto; como cuando se da una limosna. Sin embargo, como cuando se da una limosna, al instante, Sor Ana se arrepintió. Bajó por eso las piernas algo bruscamente de modo que Damián quedó riendo, algo interrumpido, bajo la falda, que se cerró sobre su nuca. La respiración de la hermana se detuvo apenas un instante en que también abrió mucho los ojos y se puso seria. Sor Laura la miraba partiéndose de risa y señalando a Damián, como queriendo finjir ante Sor Ana que todo era un gracioso accidente vacacional, una anecdotilla para dar envidia a las otras hermanas. Sor Ana no sabía qué hacer, aunque pronto comenzó a sentir algo que parecía hacerla cambiar misteriosamente de opinión. De este modo siguió riendo e intentando, con poco brío, sacar a Damián de debajo de sus faldas.
Hacía tiempo que toda la escena transcurría sin palabras, entre carcajadas, gritos y ayes. No se sabe si por la emoción del momento, o si porque nadie sabía qué decir en mitad de aquella escena inaudita. Sin embargo sólo las monjas, que no tenían pelos en la lengua, pudiéron romper el silencio, con alguna frase:
-Sor Laura ¡quítame a Damián! dios mío, por dios, dios santo -exclamaba Sor Ana- dios bendito... quítamelo que me está ¡chupando!.
A lo que Sor Laura respondió arrojándose sobre Damián muerta de risa. No necesitó hacer más fuerza, pues era voluminosa y el simple peso de su cuerpo bastó para dar con Damián y con ella misma de espaldas en el suelo del jardín. Espatarrados, enrojecidos y algo mareados por la caida, rodaron un poco los por allí cerca. Que es hasta donde llega el final de este relato, ya que una moraleja por cuento será suficiente, tanto más la de la sapientísima y risueña Sor Ana, de quien Sor Laura era cómplice y partícipe.
Kepa Ríos Alday
miércoles, 27 de julio de 2011
TALLER DE POESÍA Y LITERATURA ERÓTICAS
lunes, 23 de agosto de 2010
TALLER DE POESÍA Y LITERATURA ERÓTICA 2010. TRABAJOS DE LOS INTEGRANTES. LA MAÑANA SIGUIENTE FUE COMO DESPUÉS DE UNA TORMENTA. KEPA RÍOS.
Cuadro: Marte y Venus sorprendidos por Zeus. Clerck
La mañana siguiente fue como después de una tormenta: Los objetos parecen asustados o tímidos, como tratando de entender qué ha pasado. Así estaban los cacharros en el fregadero, las copas medio vacías, la ropa sobre las sillas...
Pensé que si me levantaba tranquilamente a por un poco de zumo, me iba a dar cuenta de lo que había hecho. Marilia tenía unos veinte años más que yo, pero no era eso lo que me preocupaba. Era una de esas mulatas que no se sabe cómo tienen el culo y las tetas bien firmes y apetecibles hasta pasados los cincuenta. Lo que me preocupaba era que, además de ser vecina del barrio y regentar un pequeño bar, era vecina mía; y el bar no lo regentaba sola sino con la ayuda de su marido y sus dos hijos, que eran los dominicanos más famosos del barrio.
Me fijé que estaba completamente desnuda. Veía ese culo generoso ante mi y sentía ganas de volver a penetrarla. Besé sus hombros para girarla y poder llegar a sus pechos. Al darse la vuelta volví a ver ese coño fascinante, un poquito hinchado y siempre caliente y oloroso, con una mata de bello corto aunque muy tupido, que llegaba, desapareciendo, casi hasta el ombligo.
Este coño tan hermoso y suculento me producía irremediablemente una erección instantánea.
Me di cuenta que la persiana no estaba bajada del todo, y que tal vez los vecinos de enfrente podían ver algo. Esto hizo disminuir la erección varios grados de golpe. Me levanté de la cama y bajé la persiana hasta abajo, pero dejando pasar la suficiente luz.
Cuando me di la vuelta Marilia se había abierto ligeramente de piernas aunque seguía aparentemente dormida. Me pasó como el día de año nuevo, que uno se levanta con hambre a pesar de haber cenado más que ningún día. Sentí ganas de volver a comer un poco de aquel bizcochito de chocolate con fresa, aunque sólo fuera por recordar su sabor.
Con los primeros besos en el interior de los muslos, el culo y el abdomen, la vagina comenzó a humedecerse nuevamente, y emitía los mismos olores poderosos de la noche anterior. Mordí el monte de venus, las ingles; y comencé a notar la respiración de Marilia más entrecortada. Finalmente, cuando me pareció que estaba a la sazón, pasé la lengua muy lentamente, desde casi el ano hasta el final del clítoris, apretando con fuerza contra sus labios, al tiempo que sorbía todo lo que podía con la parte libre de la boca.
-¡Uy! Ja, ja, ja. Buenos días. -Dijo Marilia mientras se contraía de placer.
-Buefnof diaf -Contesté. A lo que ella contestó con unas risas muy entrecortadas por los suspiros.
Subí besándole el vientre, los pechos y el cuello, hasta la boca. No para besarle la boca sino para llegar con el pene hasta su vagina Sin embargo cuando tuve su boca junto a la mía, antes de metérsela, le dí un largo beso en la boca.
En ese momento comenzó a sonar un móvil. El marido, pensé, fui a sacar el pene, pero ella me abrazó fuertemente con las piernas mientras estiraba el brazo para alcanzar el móvil. Antes de contestar miró el teléfono para ver quién era.
-Edgardo, ¿qué tal mi amor? ¿Llevaste a tu hermano al médico? y ¿qué dijo? ...No puede ser; si está vacunado. Esta tarde voy a ir yo otra vez porque esta gente no sabe lo que tiene mi Mauricio. Tu vete al colegio y déjale en la cama acostado ¿OK? Yo ahora voy para allá en un rato, que estoy haciendo la compra...¡ay!
Yo no pude aguantar más y, pasé del ligero vaivén en el que me había instalado para respetar la conversación, como creí que iba a colgar ya, a darle un para de empellones de los buenos.
-No, Edgardo, no me pasa nada, tranquilo mi hijo, es que me asustó un señor que se ha caído. ¡Ay! Se ha vuelto a caer. Voy a ayudarle. Hasta luego, un beso. ¿Qué? No, no le conoces, me parece que no es del barrio. Oye Edgardo, qué más da, no importa, luego te contaré ¡Ay! Nada, nada, es que ha venido otro señor y le ha dado un golpe ¡ay! Pobrecito ¡ay! Qué paliza que le está dando.
En ese momento pensé que podía llegar a contar cualquier barbaridad. No sabía ni lo que decía.
Después de hacer el amor, cuando Mariela se hubo marchado, pensé en la historia que se tendría que inventar para que su familia no sospechara nada. Solo me quedaba confiar en su imaginación y en la credulidad de los suyos, pero me tranquilicé tratando de recordar haber pillado de niño alguna mentira a mi madre. Imposible.
Kepa Ríos
domingo, 18 de julio de 2010
TALLER DE VERANO POESÍA ERÓTICA.
TALLER DE VERANO DE POESÍA Y LITERATURA ERÓTICA. Segunda edición.
Lugar: Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
Fecha: 28,29 y 30 de Julio de 20.30 a 22.30
Coordina: Alejandra Menassa.
Precio: 70 euros.
PROGRAMA:
La ironía y el humor en la poesía erótica: Sade, Boccacio, Bajarlía.
La sensualidad y las perversiones en la poesía y la literatura eróticas: Anäis Nin. Rafael Alberti. Apollinaire, Sade.
El deseo en la literatura y en la poesía eróticas: Kierkegard, Flaubert, Apollinaire, Miguel Menassa, Miller.
El erotismo en la poesía mística: Sor Juana Inés de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz.
Fragmento de Rimbaud:
Los desiertos del amor.
"Yo estaba en una habitación, sin luz. Vinieron a decirme que ella estaba en mi cuarto: y la vi en mi cama, toda para mí ¡sin luz! Me emocioné mucho porque se trataba de la casa de mi familia: también porque la angustia se apoderó de mí. Yo estaba en andrajos y ella era una mujer de mundo que se entregaba: ¡tendría que marcharse! Una angustia sin nombre: la cogí y la dejé caer de la cama, casi desnuda; y, en mi flaqueza indecible, caí sobre ella y me arrastré con ella por las alfombras, sin luz. La lámpara de la familia enrojecía una tras otra las habitaciones vecinas. Entonces, la mujer desapareció. Derramé más lágrimas de las que Dios pudiese jamás pedirme."








