viernes, 13 de febrero de 2009

MI REGALO DE SAN VALENTÍN. MIS LIBROS DE POESÍA PUBLICADOS, VERSOS Y BESOS

Estos son mis libros de poesía publicados. De cada uno he elegido uno o dos poemas, seguramente no serán los mejores, dada la dificultad de los autores - o al menos la mía- para juzgar su propia obra, pero aquí están, espero que los disfrutéis. Después vendrá un pequeño adelanto del aún inédito: Poemas afrodisíacos.



Primera inquietud. Editorial Grupo Cero. 1995


YO MISMA
Como yo misma, libre o encadenada,
al eje moribundo de mi voz.
Como una mujer, como una niña a veces,
entretejiendo sueños, palabras en la noche.

Yo misma, desnuda en mi sonrisa,
rodeada de pequeñas ilusiones,
vibrando con tu voz, con tu mirada.

Yo misma estremeciéndome, yo misma emocionándome.

Tengo tantos principios,
que no he encontrado nunca un final a las cosas
y cuando río, río y cuando lloro, lloro.
No hay que darle más vueltas,
soy como son los otros.
LA COLINA DE ARGANDA DEL REY


Surgiste del furioso batir de fuerzas
intestinas, de magmas oceánicos.
Conociste el gusto salado de los mares
y emergiendo por encima de todo,
respiraste el oxígeno letal, del aire.

Cuando te miro veo
pequeñas sinuosidades indefensas,
esa fuerza de antaño,
ese deseo que rompió el mundo en dos
para abrirse a tu paso, para dejarte alzar,
agujas desafiantes al cielo,
ha sido limado por el viento,
agrietado por el frío,
mermado por el caer violento de las aguas.

Ahora te veo así, suavemente ondulada,
como el lomo de un gato.
Dan ganas de extender las dos manos y acariciar
esas curvas para oir tu ronroneo.

Dan ganas de abrazar tu desamparo.





Al oído del viento.Editorial Grupo Cero. 1999

HOY HE VENIDO A DESNUDARME


Hoy he venido a desnudarme,
y este primer botón que desabrocho,
es en honor a tí.

Me descubro los hombros silenciosos,
hombros tanto tiempo volcados
en los libros,
que adquirieron un olor imborrable papel.

El segundo botón se resiste,
contoneos del verbo esperando nacer.

Entre mis senos, torneados por la luna,
senos que alojaron el odio y el amor,
dejo caer una gota de perfume,
que se pierde en los recovecos del ombligo.

Inspiro tan profundo, que el tercer botón
es despedido de su ojal brutalmente.

¡Y ahora sí! mi cintura se muestra
como una uva dorada.

Las cremalleras son como bocas
cerradas, pero esta boca mía
se empeña en decir palabras
que delaten mi sueño
con suavidad la abro, y la falda
cae al suelo.

Pendiente vertical,
la meseta del vientre
que acogiera tu sexo
se refugia detrás de unas caderas
que son un grito desgarrado,

y las piernas se alzan altas
como las nubes perdidas
en el tiempo, moldeadas
de recorrer caminos entre versos.

- ¿Y?
-No sé, yo sólo vine a desnudarme.





La llave de los días. Editorial Grupo Cero. 2002




UN HÉROE URBANO

El frágil cuerpo de la joven muchacha
estaba perfumado y era blanco e inmóvil.
Estaba horrorizada y las lágrimas
se negaban a brotar de los párpados.
Su lengua paladeaba aún
la última gota de café, algo cotidiano
para borrar esa violencia, su rodilla
golpeada contra el suelo rezumaba
unas gotas de sangre y negro
e intentaba salvar ese abismo
con sus ojos, con todas sus pupilas.
El hombre había tirado de su bolso
con extrema violencia,
como quien arranca gemidos de una virgen
y la muchacha había sentido el suelo
en todo el cuerpo y después,
el hierro congelado de los raíles.
Un amor olvidado por su madre
renació en su tierno corazón
y casi inundó el pánico.

Jakim se había levantado esa mañana
lejos de su pais y le costó entender
qué era lo que pasaba.

Había soñado con su esposa de negros ojos
y piel tersa, más bella que la luna en primavera
y ahora no podía comprender su ausencia

Recordó haber llegado un día hace tres meses,pero esa noche, después de volver
a su país en sueños, era muy duro el despertar.

También a él lo congeló la escena,
cientos de observadores inmóviles
tejían una red de exclamaciones,
peo sólo Jakim se arrojó a aquel
pozo oscuro, porque para salvarla
no bastaban cien ojos, ni doscientas pupilas,
ni la red de las voces, ni las lágrimas,
ni el amor de una madre muerta.

El tren se acercaba con implacable paso
el silencio pintaba las paredes,
no había lugar siquiera para el llanto
y se habían detenido todos los corazones.

Jakim tomó en brazos a la muchacha,
que ascendía como por una escalinata
de aplausos, y la dejó en el suelo.
Por un momento, todos se habían
olvidado del tren, de su insistente
caminar, no oían el ruido de las ruedas
surcando los raíles, sólo vítores y palmas.
Jakim apoya las dos manos en el borde
y uno de sus pies para tomar impulso.

Pero ya llegó el tren,
ya se enredaron las ruedas en su ropa
y como un toro embravecido
que ha corneado al torero y ha olido su sangre,
lo arrastra golpeándole la cara contra el muro.
La esfera de su ojo derecho estalla,
se vacía, se pierde junto con trozos
de su piel y Jakim ya sólo
siente los golpes, no ve nada.
El tren ha huído y el héroe yace
ahora en el campo de batalla.
Le dieron una medalla,
le dieron un pequeño piso,
se olvidaron de darle un permiso de trabajo,
le cortaron el teléfono y la luz,
le detuvieron varias veces
por mendigar donde no correspondía
y la bella señorita de piel blanca
paladeaba como siempre su café.






La muerte en casa. Editorial Grupo Cero 2003
Este libro obtuvo el Primer premio de Poesía de La Asociación Pablo Menassa de Lucia, en su cuarta convocatoria (2002)


EL TESTAMENTO

No quisiera estar triste , justo hoy,
que vienes a buscarme,
me he adornado con los versos más bellos.

Ayer leí toda la noche a Rimbaud:
Una temporada en el infierno,
¿te ríes?. No es gracioso,
ningún mérito tengo para acabar
con mis huesos en el cielo,
se me olvidó el padre nuestro
apenas salía de la edad de la pena.

Es una rara sensación saber
que hoy es el último día de mi vida,
no habrá otro miércoles para mí.

Mis ojos se acostumbrarán al acolchado azul,
a la madera
y al pequeño cristal por dónde asoman
curiosos los gusanos y dibujan mi nombre
con su estela
caliente de miseria y de baba
¿Se acostumbran también
los oídos al silencio?.
Qué soledad poblada,
qué tristes los lamentos
cuando no tienen voz.
Pero yo me he pintado los labios
con el carmín de los asesinatos,
estoy ebria de ti , mi príncipe certero.
Porque yo sé que tienes muslos de Atlas,
y un pecho varonil donde apoyar
cansina mi cabeza, tan llena de palomas.

Porque yo sé que hoy vas a besar
mi boca con tus labios de cieno,
y no me engaña tu nombre de mujer.

Podéis hacer conmigo lo que os plazca:
regar las magnolias de mi corazón,
donar mis órganos al Museo

de Ciencias Naturales,
rezarme en francés o en arameo.

Pero os juro, que me levantaré
furiosa como un león herido
de mi tumba y que os maldeciré
en todos los idiomas,
si no escribís en mi epitafio un poema:
Se llamaba Alejandra,
murió a la edad de 154 años
y tenía en los ojos una nostalgia honda,
y en los labios más versos que las hojas del árbol que la guarda.

O quizás : aquí yace un poeta,
poco importa su nombre,
el que quiera saber,¡que vaya y lea!.

No quiero flotadores en mi nicho,
quizá un parasubidas, como el de Altazor poeta.
Los versos no pierden nunca las alas ni el deseo de volar.

Ah,¡ tomad el oro!,
de nada ha de servirme
cuando mi carne reblandecida
ceda al beso de la larva
deshaciéndose en nauseabundos néctares,

Y dejadme unas flores,
orquídeas si es posible
sobre la oscura piedra,
que se vayan secando
al ritmo de mis músculos.

Primero el pétalo perderá
su blancura,
y mi piel se hará lechosa,
se desprenderá al menor roce.
Amarillearán los bordes de la flor,
y mi grasa se habrá licuado
cual inútil brebaje, también amarillento.
Perderá toda el agua el órgano del árbol
y un festín con mi hígado
se darán los gusanos.

El tallo cederá más tarde su frescura,
pero mis huesos son como mármol
de Grecia, y os será más difícil acabarlos.

Es tan aburrido morirse sola, sola,
un ataúd biplaza sería lo mejor.
Firmo este testamento con tinta de mi sangre.
Y mirándome al espejo
retiro con el mismo
pañuelo de las lágrimas
el carmín de mis labios
y no te espero más,
El hombre es ese ser que se equivoca
hasta en la fecha oscura de su muerte...



LA MUERTE ESCRIBE UNA CARTA A LOS HOMBRES

Es la muerte que os habla,
vosotros, desde todo lo finito.
La muerte que os escribe esta carta de amor.

Pensáis que soy una dama vieja,
porque os he acompañado desde que el primer poeta
hizo girar a la palabra mundo.

Pero yo nazco y muero en cada uno,
nací ayer y naceré mañana.
tengo la edad de los amantes
que se separan
hasta el día siguiente,
la edad del poeta que pone
tembloroso el punto final al poema.

No tengo pactos con Dios.
Pléyades de gigantes,
de brujas, de gnomos y vampiros
pensáis que son mi corte,
más nadie , sino vosotros
me acompaña.
Un bisturí-guadaña confudis con mis brazos,
abisales tentáculos
para cobijar en mi seno vuestra pena.
Y yo no tengo brazos.

Me hacéis en vuestros sueños
tener el rostro poblado
por los surcos del tiempo,
uno por cada hombre
que abandonó la tierra para ser tierra.
Y yo no tengo rostro.

Y me vestís de negro,
y yo os diré que aunque no tengo
cuerpo, mi color es rojo como la esperanza.

Y todavía me hacéis decir palabras,
Y yo no tengo voz

Venid mis pequeños,
hombres fuertes, adustos,
como soles vestidos de silencio,
mujeres con sus libros bajo el brazo.
Niños jugando al juego de la vida.

Buscad en vuestro corazón,
buscad en vuestra casa.
Buscad en cada olvido,
en cada sueño,
las diamantinas perlas
de mi nombre,
mi huella invisible y silenciosa,
Y cuando hayáis constatado
mi presencia,
olvidaros también de vuestro hallazgo,
y vivid como si yo me hubiera
mudado para siempre de vuestro corazón,
de vuestra casa.




La piel del deseo. Editorial Grupo Cero. 2005. Este libro obtuvo el Premio al mejor libro de poesía 2006 de la International Writers and Artist Association. (Asociación internacional de Artistas y escritores)


VOY A COMPRARME UN POETA

No, un hombre sólo no me basta.
Unos se han construido
una inteligencia contemporánea
y se alcanzarán con ellos
las más altas cimas de la conversación.
Otros hacen el amor como si fueran
todo un cuerpo de manos y de labios.
Algunos lo darían todo por amor,
y otros saben bien que el amor solo,
se pudre como una manzana mordida
a media tarde.
Pero un poeta, un poeta
cuando te dice que te ama,
lo dice con palabras
que hacen del amor una bandera,
de los besos estrellas

reventando en los labios,
de la piel un país habitado
por caricias tumultuosas,
por un ejército de hormigas
como bocas hambrientas de pasión
y de la noche el tiempo
dónde los cuerpos se diluyen,
se confunden los nombres,
y todo se trastoca en aras del amor.
Voy a comprarme un poeta,
de esos que te mandan
mensajes en botellas,
que ahora se llaman libros,
y que encierran, no un barco, sino un hombre,
que nadie sabe por donde entró.



FIEBRE

Fiebre, fiebre de cuarenta encuentros,
de certeros grados, fiebre de flecha inmensa,
fiebre de soledad.
La mosca del sexo ha alojado en mi sangre su veneno.
Lo digo por decir, en realidad,
la mosca del sexo ha nacido de mi carne,
se ha alimentado de mi sangre,
ha vivido años entre mis piernas.

Yo soy la mosca del sexo.

Fiebre, fiebre que no se calma más que instantáneamente
con tu semen,
fiebre que no desciende sino con tu saliva,
que no sabe inclinarse más que frente a tu voz.
Mi deseo encontró a quien rondarle.

Fiebre. Fiebre desesperada.

¿Te has tragado todos los imanes?,
que mi metálico pecho no quiere sino arremeter contra tu pecho.
¿Te has comido la miel que quedaba en
los panales del mundo?
que mi sexo, abeja milenaria
escapa hacia tu boca en vuelo vertical .

Víctima de mis besos,
depositario del tesoro de palabras que te debo,
héroe de papel.
Tu voz es el incendio en que se queman todos mis prejuicios,
tu voz es una tea forjada con pétalos de rosa.
tu voz es mi condena.
Me ha picado tu voz en pleno corazón,
y es un veneno dulce como de alondras anidando debajo de mi
piel.

Fiebre, fiebre ....fiebre.

miércoles, 11 de febrero de 2009

POETAS AMIGOS (PRIMERA ENTREGA)


Cuadro: La fiesta de los dioses. Carmen Salamanca

QUERIENDO ATAJAR

Queriendo atajar,
escogí el camino más largo.
Recompuse mis huesos sin sombra
y caí, con vertiginosa premura,
sobre el mástil perenne de los sueños.
Si no la buscas, ella te encuentra,
dijiste como reflexionando.
Algo en tu voz me hizo sospechar
que ella, esta vez, era la vida.
Quizá ese toque de nostalgia
con sabor a madrugadas y salitre junto al mar,
o el silencio en mitad de la frase,
suspendido sobre mi cabeza,
o esa sonrisa desde donde, apaciblemente,
contemplabas con indulgencia los rostros,
las palabras que fabricaron tu hombre.
A veces, los años fueron de otros...
murmuré sin darme cuenta.
¡No, querida!
respondiste con energía, eras tú
quien huía, jadeante, de tu propio corazón,
atravesado por inhóspitos territorios,
ancestrales ritos de supervivencia.
Tú misma quien, enardecida
por victorias al límite de lo preciso,
querías atrapar la vida entre los dedos.
Sí, contesté, aquella locura desacostumbrada,
verde amainar del tedio entre mis ojos,
fue la única pista del resultado imprescindible.
Ya, pero, más allá del aturdimiento, dijiste,
es preciso calcular con ritmo los pasos
hasta que inmaculadas álgebras de la pasión
neutralicen tentaciones de blanco desdén
y caigan en el olvido, sin tocar tu rostro.
Más allá, también, de nosotros,
ella te encuentra... siempre.
A Miguel Oscar Menassa, sep 2007.


Carmen Salamanca.



Cuadro: Las tres edades de la mujer. Alejandra Menassa.
SI LA BELLEZA TE ABARCA
Si la belleza te abarca, te estruja y aún te ama
algo te espera en ella.
Yergue los hombros abatidos, mueve ambos brazos
siente como pájaro o pianista
ejerce esta vida que murmura entre los dedos.
Cedro y música
valkirias y nibelungos, bosques azules, entre las marcas.
Y, sobre todo, aspira en los perfumes suaves
tu destello infinito esfumado y efímero.
Si algo se pudre y aún no lo soportas,
si estalla la muerte en pueblos amados,
si tu planeta se quema en medio del verano,
honra a tus antecesores y también a dios
cuando sea necesario.
Escombro y bruma, adelanta el paso
toda latido y hallazgo.
Aquella mujer escribía y también la otra y aún esa
que vivía en un país en sombras y todavía le cantan
también algunas de gesto audaz equivocado, sometido a inmensidad y
perdularios.
Estas provenían del sur desolado, eran aguas antárticas
las que rozaban sus versos.
Y en pleno caribe, mujeres más viejas aún que yo misma
alternan el odio con ocio y amor...
Buscadora de ámbar,
ninfas, astronautas,
atrás en el tiempo recorro las vías de un incierto murciélago
perdido en el sol.
Comparto esta sangre sin cadenas
estos vuelos azarosos hacia la letra y su pasión.
Otra mujer me escribe y dice que soy sus torbellinos de humo,
que ama de mí su propio amor, mientras el agua de las grutas cae con
molicie infantil.
Y esta mujer que soy, todavía dentellada y luz,
se esconde entre la especie
como una aristócrata descabellada y poderosa,
como una vagabunda sin pasado, transeúnte espacial
en viaje perpetuo hacia la luna, atravesando entre ruidos electrónicos
esa orquesta de hojas perennes acuñadas en mortífero coral.Esta mujer que soy escribe
porque sí
porque antes de nacer ya se oyen
murmullos de un vagido universal.
Porque el poeta que vive en la poesía le sopla los versos
en pleno viento de furia juvenil
le ciñe con fuerza la mano hasta el dolor
hasta las lágrimas, hasta que el poema restalla
entre pupilas antiguas contorneándose de mar,
de universos,
de estrellas cada vez más cercanas
de cumbres encendidas,
de calor vegetal nada sombrío
de tiernos animales alegres de andar. De mejillas frescas
sonrosadas de amar.
Esta mujer que soy y escribe comienza a descifrar
otro acertijo marcando en su cuerpo
rastros diluidos de una carne bestial.
Esta mujer escribe y vive cada día hasta el final.
Sabiendo que lo es, aunque quizás...
Ver cine negro, cruzar los dedos, recordar a mi madre
cocinar los manjares, pensar el decorado
deleitarme de grandeza, de abundancia
de viajes por tiempos jamás encontrados
imán y poema transitando el infinito.
Esa mujer que soy escribe.
entre sabores y sonidos invisibles,
avanza en medio de gotas de lluvia y hojarasca
hacia el destino de luz de su propia nada.
Hacia lo omitido
hacia lo pronunciado.


María Chévez. Del libro A plena Luz



Cuadro: Frutos de Primavera, de Carlos Fernández.

LA GENERACIÓN DE LAS 2001 NOCHES
Ese viento, de aire enmudecido, que cruza caminando
ya para siempre las calles de mi ciudad natal,
este esperar, sin muecas en el rostro, y aquel trotar de
pronombres y adjetivos cuyas muescas aun conservo
en el plateado revolver izquierdo de gentilhombre.
Esos amores, de farola y esquina fumando
con los pies cruzados, y tu balcón clavado en la mirada.
Esas citas de charol y medianoche en calles mojadas que
reflejan el brillo de tus ojos en cada botón bien abrochado,
de mi chaleco gris marengo, a juego zapatos y cinturón,
y en la solapa, siempre, recién cortado un clavel para tu pelo.
Esa lejanía cuya cúspide alcancé el siglo pasado, sólo con mirar,
y ahora, un poco antes de llegar en tobogán con paracaídas,
a la mayor planicie que tus versos ubican con música y manjar
en la extensa sombra de mis terrenos liberados al mar.
Ahora, amada, ahora amores todos y nunca míos,
ahora, cautivo el enemigo y liberado el prisionero de toda grandeza,
ahora, reconocido por los matices de los tres cardinales redondeles
ahora quiero de la historia, mi porción de vida.
Ahora a gozar, digo leer lentamente, sin necesidad de examinar, los libros,
ahora pintar preciso los cuadros y escuchar la geometría del proyecto,
ahora besar lo que ella quiera al ritmo pausado de su canto.
Ahora corresponde la verdadera amistad: yo, sin ti, un día moriré y
es por haber vivido que, ahora, me puedes leer, y
por haberse producido en grupo, es que somos generación.
Nuestra poesía, de letra, está en la canción que tus pies bailan
en la voz del enamorado que tu cuerpo abraza con pasión y belleza
en la mirada que excitada recorre las líneas de ese libro
que oprime su pecho y tu garganta antes de hacer el amor.


Carlos Fernández del Ganso





Cuadro: Reproducción de Cruz González de Yo y la Aldea (Chagall)

FUENTE

Reflejado en tu voz, un rayo misterioso toca mi cuerpo
hasta el abismo de luz que tus palabras dejan deslizar
mientras hablas: de un niño que se hizo hombre,
de una mujer enamorada de las letras y su poeta,
de la guerra que cada hombre lleva adelante
consigo mismo, de un amor que se construye.
Abro la fuente de los sueños
y el agua brota y brotan las palabras
y cada palabra surca los océanos
y vuelve en forma de lluvia,
abrazo, canción de otoño, vida.


Cruz González Cardeñosa


Cuadro: Una temporada en el infierno. Miguel Menassa


LENTA AGONÍA
Crece la amenaza
de romperme
en mil pedazos.
Miro a mis costados,
y descubro
un cuerpo intacto.
Compás agradecido,
lenta agonía
de los héroes,
bello remanso.


Lucia Serrano



Cuadro: Estricta simetría, de Amelia Diez.


ESCRIBIR
Escribir como algo que no comienza
como una turba sin infierno.
Océanos de letras
divagan como una despedida.
Acudo a las llamas de la página
y quiero arder entre sus vértices.
Pierdo mi futuro a manos llenas
y la oscuridad
no es camino para llegar
a las entrañas de la letra.
Lo que no pudo ser
tampoco me conduce al poema.
Eternidad agasajada a la deriva
me hace volver a los comienzos.
Escribir
sin cielo, sin infierno, sin esperanzas
toda la densidad desnuda
son las palabras unidas al azar.


Amelia Diez Cuesta


Cuadro: El nacimiento de Venus, de Botticelli, reproducción de Claire Deloupy.

A CORAZÓN ABIERTO

Jardín ensombrecido por la caída de los días
llevas un pésame de fuego entre los labios.
Bajo tu piel enmudecida
versos
gotas de sangre en la arena.


Claire Deloupy




Cuadro: Desnudo Azul, de Matisse, reproducción de Carlos Fernandez.


CRUZA EL ALMA

De una ladera, de un monte desconocido,
de la estocada limpia de una caracol herido,
la muerte del hombre cruza el alma, por haber nacido.
Sacudida entre el follaje como huracán maldito,
la algarabía de una pasión,
anida en el vértice izquierdo de la tierra.
Hoy descubrí, escondida entre las rocas,
virgen y delicada, plácida y virtuosa,
una negligencia de acuarela.
Capataz furtivo de la noche
verdugo y juez con piel de caimán,
nadie te alcanzará en lo innombrable.
Hay poemas que se escriben despacio,
poemas que se escurren entre los dedos
como escapando, lentamente, de sus ataduras.

Magdalena Salamanca.


Cuadro: Nuestra propia ciudad. Amelia Diez

LOS POSOS DE CAFÉ

Cuando la quimera asola mi cuerpo,
un residuo amargo de voces invade el horizonte.
!Qué decir del horror, si el futuro enarbola la muerte¡
Cuando la guadaña siega mi cabeza,
arrasa mis ojos, llevándose el fulgor de la mirada,
aullidos de dolor corroen mis entrañas.
!Cómo hacer, si el infierno habita en el hombre¡
Decapitado el rostro, perdido el esqueleto,
mi corazón resiste, latiendo acompasado,
sin pausa, sin sosiego.
Al ritmo de la música, me preparo café,
me hago acompañar del olvido asesino,
recompongo mis huesos,
agito con soberbia banderas de pasiones,
prosigo mi camino.


Pilar Rojas


Cuadro: Buscando a Euridice. Carmen Salamanca


SALTO AL VACÍO

Quizás ella se despidió sin esperar
que cruzaría sin zapatos la vereda.
Brotes de luz, semejantes a perlas diezmadas
por el tiempo, se encargan de alumbrar
los últimos pasos antes de decir no.
Salvajes frutos, bocados de marginalidad
sembrados entre las violencias de su sexo inacabado,
como vagos nervios que no pueden
participar de su voz.
Entre pinares, se aleja, disimulando una vez más,
haber gozado entre los brazos de Dios.


Miguel Martínez Fondón

viernes, 6 de febrero de 2009

UNA FAMILIA DE POETAS

MIGUEL MENASSA






Cuadro: de la mano del amor. Miguel Menassa

CONSEJO I

No te detengas
lo que nada lo puede
lo podrá tu amor
lo que no puede tu amor
lo podrá tu deseo.
Y si tu amor y tu deseo no pueden
el estallido debe haberse producido
seguramente en tu corazón, en tu cabeza.
Repliégate.
Húndete en el mar.


CONSEJO II


No hay que temer: el mar es para todos.
En marea alta dejarse llevar
no hacer movimientos contradictorios.
En marea baja dejar librado todo a la imaginación.
Es necesario que el mar
sea navegable en todos los casos.

CONSEJO III


Cuando llueve
hay que tener cuidado con los ángeles.
Suelen caer pesadamente sobre nosotros
cuando mojan sus alas.
No hay que tener piedad.
Uno solo de ellos
puede alegrarnos la vida para siempre.

Del libro Yo pecador. Ed. Grupo Cero




NORMA MENASSA






Cuadro: Puentes invisibles. Miguel Menassa



TODA LA NOCHE

Toda la noche el ruido del viento golpeaba las ventanas,
toda la noche semidespierta,
la monotonía insistía en los cristales.
De a ratos un jirón de viento azotaba y
el agua ondeaba en sonidos diferentes
y a veces era sorda.
Mi alma lucía entre las sábanas
una blancura de luna interrumpida
y el tiempo del eclipse, se llenó de fantasmas.
Pasé entre las voces de las conversaciones
que subían de la calle
sorprendida a veces por gritos desencajados de la escena
e iluminé el insomnio de mi día infeliz,
de mi hora interminable
con pensamientos amarillos de papel despreciado
por el sometimiento de la inercia.
Toda la noche, conmigo entontecida,
la lluvia retrasaba los momentos
y todo era tardanza en los ojos del sueño fracasado
que se tragó la luz y acomodó las sombras
haciendo los entornos perceptibles:
Vi la ciudad golpeando en el asfalto
como un barco encallado
al que cuidadosamente fui sacando las anclas
y comenzó el vaivén.
¡Tierra del mar…!
y el navío zarpado iba al encuentro de
puertos invisibles
y todos nos perdimos abrazados.
Del libro Me acosa una pasión. Ed Grupo Cero



OLGA DE LUCIA








Cuadro: Olga de Lucia: Amaba lo humano


AGONIZA EL SIGLO, NO EL AMOR

Hay días que escapan los dedos de mi cuerpo
se pierden mis deseos en la bruma
ya no siento golpetear mi corazón.
se me antojan las palomas en picada
el alma negra, el humus infértil
yerma calma donde no luce el mismo sol.
ya no duermen las heridas más profundas,
ni el odio corroe la ilusión.
Agoniza el amor entre los brazos
de un siglo sangriento en su esplendor.
un dulce ronroneo me responde
agoniza el siglo, no el amor.

Del libro: Para seguir viajando, ed. Grupo Cero


ALEJANDRA MENASSA DE LUCIA







Cuadro: El beso, de Gustav Klimt, reproducción de Alejandra Menassa.


FIEBRE

Fiebre, fiebre de cuarenta encuentros, de
certeros grados, fiebre de flecha inmensa,
fiebre de soledad.
La mosca del sexo ha alojado en mi sangre
su veneno.
Lo digo por decir, en realidad,
la mosca del sexo ha nacido de mi carne,
se ha alimentado de mi sangre,
ha vivido años entre mis piernas.

Yo soy la mosca del sexo.

Fiebre, fiebre que no se calma
más que instantáneamente con tu semen,
fiebre que no desciende sino con tu saliva,
que no sabe inclinarse más que frente a tu voz.

Mi deseo encontró a quien rondarle.
Fiebre. Fiebre desesperada.

¿Te has tragado todos los imanes?,
que mi metálico pecho no quiere sino arremeter
contra tu pecho.
¿Te has comido la miel que quedaba en
los panales del mundo ?,
que mi sexo, abeja milenaria
escapa hacia tu boca en vuelo vertical.

Víctima de mis besos,
depositario del tesoro de palabras que te debo,
héroe de papel.
Tu voz es el incendio en que se queman
todos mis prejuicios,
tu voz es una tea forjada con pétalos de rosa.
tu voz es mi condena.

Me ha picado tu voz en pleno corazón,
y es un veneno dulce como de alondras
anidando debajo de mi piel.

Fiebre, fiebre ....fiebre.


Del Libro La piel del deseo. Ed Grupo Cero




FABIÁN MENASSA DE LUCIA







Cuadro: La danza del fuego. Fabián Menassa.



CANTO A LAS AVES DE COMPAÑA

Buitres hambrientos de mis ojos:
Arrancadlos sin piedad.
No puedo ver más tanta masacre,
Maltratada retina,
No quiero saber más
De los misiles, luz devastadora;
Ni de guerras biológicas;
Ni de escudos siderales,
Corredores de la muerte,
O violaciones
Buitres sedientos de mi sangre:
Venid a devorarme,
Moriréis envenenados.

del libro Sobre papel barato. Ed. Grupo Cero



MANUEL MENASSA DE LUCIA




Cuadro: Todo deja de ser lo que es. Manuel Menassa.

MALVATIERRA

Tantas veces nos encontramos
furtivos en una puesta de sol,
tantas las veces que mi cuerpo almizcle
era como una hoja cayendo de su árbol,
mi dirección, la del viento más fuerte.
Era el aliento de la muerte caudillo de mí.

Salté alborotado
y creí estar atado a pequeñas ilusiones
que explotaron sin control;
te amé y te odié
mil veces puta y mil veces madre.

Descansa en paz,
soy un cirujano de tu química,
apuro tu malva piel
herido por espadas
te conocí en las alturas
y ví pasar el mundo entre mis pies,
en tus dominios
cayeron patrias y dioses
y ahora tú, suenas para mí.

Heraldo verde de mis sueños,
Atado a estos pilares que cubren el cuerpo
cabalgo a pelo sobre tu vientre
crin dorada;
Armo tus vestiduras mientras hablas para mí

Oro y magnolias para acompañar
la fachada austera de mi piel,
morada perentoria.

Madre tierra:
Hoy planto mis raíces en tu vientre
y apago las luces de mi cuerpo.
Del libro: Golpes de realidad. Ed. Grupo Cero

PABLO MENASSA DE LUCIA








Cuadro: La balsa del olvido. Miguel Menassa



MUERTE,QUERIDA COMPAÑERA.

Sabía que vendrías sola,
frente a frente

sin tapujos ni corbatas,
sabía que vendrías fuerte, muerte;
no por el último beso esta vez
a charlar solamente.
te estaba esperando,escudriñando
palabras verdaderas
para estar a tu altura,
aún, como tantas veces
quedé mudo, muerte,

en tu presencia,
ensimismado en tu color,
hundido en tus ojos
tristes, quietos, negros,
querida compañera

y ahí,
ese vacío imperceptible,
insoportable,
me confesaste tu único fracaso:
-La palabra escrita siempre,
me ganó la partida-

miércoles, 4 de febrero de 2009

POESIA. MIGUEL MENASSA. ARTE POÉTICA.

Poesía, lo sé, mientras te escribo,
dejo de vivir.
Entrego, mansamente, mis ilusiones,

mis pobres pecados proletarios,
mis vicios burgueses y, aun,
antes de penetrar tu cuerpo,
-tapiz enamorado-abandono mi forma de vivir,
miserias,
locuras,
hondas pasiones negras,
mi manera de ser.
Vacío de mis cosas,

abanderado de la nada,
transparente de tanta soledad,
invisible y abierto,
permeable a los misterios de su voz,
intento,
rasgo sonoro sobre la piel del mundo
la piel de la muerte
la piel de todas las cosas.
Poesía, sobre tu piel, rasgos sonoros,

esquirlas apasionadas,
imborrables astillas de mi nombre.

Miguel Menassa

www.miguelmenassa.com





Este sábado 7 de febrero a las 19:00hs en la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero (calle Duque de Osuna 4, locales), hay una presentación del libro de poesía Labios del Tiempo, de Vicente Prada y Soledad Caballero. El precio de la entrada son 10 euros, e incluye: el libro, una papeleta para el sorteo de un cuadro de Alejandra Menassa y un cóctel. Os esperamos.

martes, 3 de febrero de 2009

ENTREVISTA EN EL BOSQUE DE PALABRAS A ALEJANDRA MENASSA


Cuadro: Venus consolando a Cupido, de Boucher
Entrevista a Alejandra Menassa por Francisco Legaz en el Bosque de palabras:





Este es el poema:
NO PUEDE HACERTE RESPONSABLE.

No puedo hacerte hoy responsable de mi sueño, ni de nada.
Crucé mares de oxígeno en tu búsqueda, tú no estabas,
quise encontrarte muchas veces, tanto quise, que dibujé fantasmas.
En el marasmo de mis ocupaciones cotidianas,
te perdiste, celoso, irreverente, pequeño camarada del fracaso,
amante de la sangre derramada, adalid de las nubes, viento frío en la cara,
mi centinela acorralado por su propia existencia figurada.
No puedo hacerte hoy responsable del tropiezo ni de la ciega dicha,
Mi amor te transformó en un príncipe, y la corona que puse
sobre el hombro, pesaba demasiado, famélica figura que se escapa,
fui yo que te pintaba, fui yo que te escribía, fui yo que te escondí,
como un retazo de sol que envuelve a la mañana rosas blancas,
tras el ozono azul de mis palabras, mentira que refulge a la luz del desamor,
cuando cae el telón de la ignorancia, y la verdad nos ciega con su luz tan extraña...
No eras hermoso, en mis ojos la belleza descansaba, no eras siquiera bueno,
yo quería tanto que lo fueras...., que dibujé fantasmas.


lunes, 2 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. VEINTOCHO RAZONES PARA AMARTE Y SÓLO UNA PARA EXTRAÑARTE. ALEJANDRA MENASSA


Cuadro: Gustav Moreau.

Sé que no tienes prisa, recorres pausadamente mis rincones
es hermoso hablar en tu presencia, sabes que son palabras,
las palabras construyen el deseo, el deseo enciende los corazones,
el fuego abrasa el alma, deshace los prejuicios, destruye las banderas.

Estás a mi lado como si fuera para siempre,
aunque mañana reguemos plantas de continentes diferentes,
y tu desayunes en inglés y yo en castellano.

Tu cuerpo me da mi cuerpo, tu piel multiplica mi piel,
tus besos hacen germinar mis labios, tu lengua: dimensión de mi sexo
Soy un oído que escucha la memoria sexual de tu bramido.

Estoy libremente encadenada al movimiento de mis caderas
conquistando cada centímetro de la isla de tu sexo.
Y tus ojos, ojos de mar sobre mis ojos de pradera abierta a las miradas,
de amada Pampa ardiente, tus ojos dicen :ven, húndete en mis pupilas.
Hagamos del amor una cruzada, vivamos esta noche de nombrarnos.

domingo, 1 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. RECOGIENDO HOJAS. ALEJANDRA MENASSA


Cuadro: Sensualidad. De: Franz Von Stuck
Mira, mi amor, si seré provinciana,
si seré virgen, y ciega y melancólica,
que me he olvidado hoy de pronunciar tu nombre.

Que me he olvidado hoy de escribirte este poema,
que ya no sé deshojar las margaritas,
y se me caen los brazos cuando quiero tocarte.

Mira mi amor, si seré antigua,
sola y reaccionaria, caperucita roja desnuda,
hada en la niebla, que hoy no me acordaba
del sabor de tus labios.

¿Bajo qué maldición andaré muerta,
deslustrada, flor inerme y carnívora,
que ya mi sexo no te llama?
Si no te temo ya ni te respeto,
si ya sólo te amo, todavía te amo,
rostro sin nombre. Dios de juguete.

Voy recogiendo hojas, las hago mías,
tuyas, de pasarles la pluma,
y las echo a volar por todas partes.


Alejandra Menassa. del Libro La piel del deseo. Ed. Grupo Cero